GENTE HONRADA Y
TIMADA.
No sé, no me acostumbro... Esto no puede
ser normal. Gente obligada a hacer esto, aquello y lo otro, para sobrevivir. ¿Tan infantil
soy? O es que verdaderamente la actividad laboral es algo completamente
objetable y despreciable. Comprendo, y aborrezco mucho menos, al endurecido
campesino completamente atado a sus labores agrícolas, al albañil, al artesano,
etc., a aquellas actividades que guardan alguna relación con lo útil, y no con
lo fútil. ¿Qué mierda de utilidad tiene un Telemarketer? sí, claro, comercial.
Es un tipo que vende su tiempo a otros vendedores para dedicarse a vender, por
ejemplo.
Es todo muy confuso. ¿Que puede hacer uno?
dejar de gimotear, y aguantar; a los demás no parece costarles demasiado. De
hecho parecen contentos. Ahora los veo desde el colectivo, cada uno en su
negocito (es decir en el local de su patrón - muchas veces alquilado por este
último a otro cabrón), muy contentos moviendo la cola mientras limpian el piso.
Esperando ellos, de seguro, las aventuras de un nuevo día de trabajo en un
local de ropa o electrodomésticos: la visita de algún cliente conocido, o de
otro comerciante que está al pedo y pasa a saludar, el contratiempo producido
por algún faltante y la correspondiente presencia telefónica o física de
proveedores... y así. Los días empiezan a convertirse en un deforme y gran
tumor que se adhiere a la parte vigorosa de la humanidad. El cuerpo, con los
años se encorva y se debilita, el pelo y las tetas y el culo se caen, pero la
mente se afila... para todo aquello que sean números, pequeñas y grandes
estafas y, claro, las tareas monótonas y
embrutecedoras que esa enfermedad trae aparejadas...
Luego de unos cuantos años, se va todo al
carajo, el cuerpo juega por fin una muy mala pasada, o esa mente afilada se vuelve
ineficiente. Quizá, otro percance. Como sea, esa persona ya no puede realizar
sus tareitas, lo que siempre hizo, para lo que hasta estudió, en algunos casos.
De allí en más él -o ella-, con suerte, comienza a recibir una jubilación
(especie de premio consuelo por haber sido víctima de una muy mala treta: haber
vendido a precio vil la juventud, y el bendito tiempo finito). Y, oh! esta
persona comienza a tener tiempo libre. En poco tiempo, Maldice, se convierte en
un ser taciturno, se da cuenta de que desperdició su vida, o que no la utilizó
para nada por fuera de las ocho o doce horas diarias. Ah sí, recuerda, tuvo ese
viajecito de siete días al río de la Mierda, donde lo trataron como a un señor,
pero sacude la cabeza y sabe que eso fue mierda también.
//Claro, cuando uno tiene tiempo de sobra
puede analizar las cosas en profundidad... por eso la gente anda corriendo
atemorizada, casi gritando "¡no quiero pensar!" "voy desaparecer
y me da miedo" "tengo que pagar las cuentas para seguir vivo, y si me
muero no voy a poder mandar mensajes de texto ahhhhhhh! "// .
Volviendo al pobre diablo que ahora esta
jubilado, la mala sangre que se comienza a hacer le puede acortar la agonía de
tener que vivir en carne propia el sinsentido; por ahí, un ataque lo deja
idiota y ya no se da cuenta de nada (convirtiéndose ahora, en una carga para su
familia- si es que tiene- a la que abrumará como un fantasma del futuro negro
que acecha). Y ahí va, otra vida al
tacho. Que importa, siempre hay empleados jóvenes y rozagantes, obligados a
prostituirse.
Pero, y qué de los que por equis motivos
andan por la vida por fuera de los mostradores o talleres. ¿Y esos qué? Bueno
esos, con un mínimo de neuronas, se dañan antes de la fecha de vencimiento. Les
dan ataques de pánico (bastante comunes entre los empleados que dudan), se
emborrachan, se drogan, usan internet y televisión, van a clases de universidad,
y cosas por el estilo. Pues la verdad no hay muchas salidas y... ( el colectivo
frena, debo bajar).