miércoles, 7 de agosto de 2013

GENTE HONRADA Y TIMADA

GENTE HONRADA Y TIMADA.

      No sé, no me acostumbro... Esto no puede ser normal. Gente obligada a hacer esto, aquello  y lo otro, para sobrevivir. ¿Tan infantil soy? O es que verdaderamente la actividad laboral es algo completamente objetable y despreciable. Comprendo, y aborrezco mucho menos, al endurecido campesino completamente atado a sus labores agrícolas, al albañil, al artesano, etc., a aquellas actividades que guardan alguna relación con lo útil, y no con lo fútil. ¿Qué mierda de utilidad tiene un Telemarketer? sí, claro, comercial. Es un tipo que vende su tiempo a otros vendedores para dedicarse a vender, por ejemplo.
  Es todo muy confuso. ¿Que puede hacer uno? dejar de gimotear, y aguantar; a los demás no parece costarles demasiado. De hecho parecen contentos. Ahora los veo desde el colectivo, cada uno en su negocito (es decir en el local de su patrón - muchas veces alquilado por este último a otro cabrón), muy contentos moviendo la cola mientras limpian el piso. Esperando ellos, de seguro, las aventuras de un nuevo día de trabajo en un local de ropa o electrodomésticos: la visita de algún cliente conocido, o de otro comerciante que está al pedo y pasa a saludar, el contratiempo producido por algún faltante y la correspondiente presencia telefónica o física de proveedores... y así. Los días empiezan a convertirse en un deforme y gran tumor que se adhiere a la parte vigorosa de la humanidad. El cuerpo, con los años se encorva y se debilita, el pelo y las tetas y el culo se caen, pero la mente se afila... para todo aquello que sean números, pequeñas y grandes estafas y,  claro, las tareas monótonas y embrutecedoras que esa enfermedad trae aparejadas...
  Luego de unos cuantos años, se va todo al carajo, el cuerpo juega por fin una muy mala pasada, o esa mente afilada se vuelve ineficiente. Quizá, otro percance. Como sea, esa persona ya no puede realizar sus tareitas, lo que siempre hizo, para lo que hasta estudió, en algunos casos. De allí en más él -o ella-, con suerte, comienza a recibir una jubilación (especie de premio consuelo por haber sido víctima de una muy mala treta: haber vendido a precio vil la juventud, y el bendito tiempo finito). Y, oh! esta persona comienza a tener tiempo libre. En poco tiempo, Maldice, se convierte en un ser taciturno, se da cuenta de que desperdició su vida, o que no la utilizó para nada por fuera de las ocho o doce horas diarias. Ah sí, recuerda, tuvo ese viajecito de siete días al río de la Mierda, donde lo trataron como a un señor, pero sacude la cabeza y sabe que eso fue mierda también.
  //Claro, cuando uno tiene tiempo de sobra puede analizar las cosas en profundidad... por eso la gente anda corriendo atemorizada, casi gritando "¡no quiero pensar!" "voy desaparecer y me da miedo" "tengo que pagar las cuentas para seguir vivo, y si me muero no voy a poder mandar mensajes de texto ahhhhhhh! "// .
  Volviendo al pobre diablo que ahora esta jubilado, la mala sangre que se comienza a hacer le puede acortar la agonía de tener que vivir en carne propia el sinsentido; por ahí, un ataque lo deja idiota y ya no se da cuenta de nada (convirtiéndose ahora, en una carga para su familia- si es que tiene- a la que abrumará como un fantasma del futuro negro que acecha).   Y ahí va, otra vida al tacho. Que importa, siempre hay empleados jóvenes y rozagantes, obligados a prostituirse.

  Pero, y qué de los que por equis motivos andan por la vida por fuera de los mostradores o talleres. ¿Y esos qué? Bueno esos, con un mínimo de neuronas, se dañan antes de la fecha de vencimiento. Les dan ataques de pánico (bastante comunes entre los empleados que dudan), se emborrachan, se drogan, usan internet y televisión, van a clases de universidad, y cosas por el estilo. Pues la verdad no hay muchas salidas y... ( el colectivo frena, debo bajar).

Intervención sobre cinta 'super 8'

http://www.youtube.com/watch?v=gJ6UIFrAx7o

domingo, 4 de agosto de 2013

LA RATA HUMANA.

LA RATA HUMANA.

   En una biblioteca de la gran ciudad vivía una numerosa familia de ratas. Todas se alimentaban de lo que podían. Muchas, y por lo general la gran mayoría, se devoraban los libros. Salvo una, que tenia otros modos de proceder. Ésta, los leía. Tal es la cantidad libros que se había devorado (es decir leído) que llegó a creerse humana. Y esto fue lo que sucedió en cierta ocasión.
  Ocurrió una tarde que uno de los historiadores de la ciudad, que estaba trabajando en la biblioteca, dejo olvidados sobre la mesa de estudio sus hojas, pluma y tintero. La rata humana que deambulaba por aquella sala divisó las herramientas de trabajo sobre la mesa. Ella, la rata, hacía tiempo venía observando con curiosidad al viejo historiador sumido en su investigación, y decidió entonces realizar otra actividad humana. Así es que la rata “humana” se aprestó a escribir, como pudo y de modo ferviente. Estas fueron sus primeras líneas:
     “Esta noche siento que escribir es lo único que me garantizará sobrevivir o por lo menos prolongar cierta agonía que llevo dentro mío. Extrañamente otras veces me había sucedido, pero nunca tuve con qué escribir a mano. Sin embargo hoy sí, tengo sólo una hoja y tinta.
    “Hace días que estoy muy pensativa con respecto a mi cobarde existencia. No dejo de pensar en lo mal que vivo. En lo débil que soy. Pero también en lo terriblemente fuerte que puedo llegar a ser para soportar todo lo que constituye una rutina miserable. No recuerdo tener ningún momento de satisfacción plena en la cual posar mis recuerdos. Solo una sensación de querer estar bien. Me cuesta situarme en la magnitud de mis miserias. Se que están ahí, y que haga lo que haga se las arreglarán para volver a molestar. Lo único que me consuela es pensar que es propio de mí constitución psicológica y social. Y que al ser algo cotidiano me acostumbre alguna vez. Pero no es así, sé que no lo es. En algún momento de mi existencia se que perdí (, algo esencial para sentir el bienestar,): la capacidad de auto-engañarme, de auto-engaño. Capacidad que desprecio, pero comprendo que la sociedad necesita de ella.
  “Puede que esta noche deje de ser humana. Y empiece a enfrentar todo lo que me perturbe. No prometo ganar, como lo haría cualquier otro ser, mucho menos perder. Solo pactaré. Si preciso dormir: dormiré, pero a cambio despertaré. Si necesito comer: comeré, pero a cambio defecaré. Y si deseo estar bien: estaré bien pero a cambio me engañaré.” La rata garabateó algunas letras más y se alejó de la mesa aturdida, pues la escritura había desatado profundas emociones en ella.
     Los demás roedores que se encontraban en uno de los estantes de la sala, mordisqueando algunos volúmenes de Derecho constitucional, no repararon en su compañera que iba ahora por el suelo tambaleándose entre mesas y sillas. Pero la rata humana sí reparó en sus congéneres, que eran en gran medida parte de sus nuevos pensamientos, lo que influyó aún más en su agobio. Ocurrió, que la rata al contemplar a sus familiares hiriendo despreocupadamente preciosos volúmenes de la cultura humana, a la cual ella creía pertenecer, se dio cuenta que si había alguien errado en aquel recinto, no podía ser nadie más que ella. Pues entendió que, humana o no, el pensamiento es una abominación antinatural, y que su padecer se debía justamente a esa cualidad. En algún momento había dejado de sólo vivir; de ser como sus hermanas, que ahora reñían por un pedazo de embutido que habían hallado. Ellas no parecían reflexionar mucho nada.
   La rata, un poco agitada por sus elucubraciones, dejó su torpe marcha y se apoyó en el umbral del salón histórico de la biblioteca.  Tenía la mirada perdida, y respiraba con dificultad, pero logró recomponerse. Allí, apoyada en la pared, volvió a reflexionar… estaba aún más convencida de lo acertado de su resolución anterior. Aunque le parecía un imposible lo intentaría, estaba dispuesta a dejar de ser humana, a ser más cómo aquellos animalitos que tanto se le parecían; no estaba segura de lograrlo pero quizá imitando a los otros lograra pasar desapercibida, y con el tiempo realmente llegar a ser una más. 

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   Esa misma noche la rata se comió las tapas de cuero de unos libros muy antiguos. A la rata ya no le hacia bien ser humana, por sobretodo pensar.
   Para estar bien hay que saber engañarse un poco. Tenemos que guiar nuestro cuerpo y mente en objetivos, a veces, inalcanzables o absurdos.


jueves, 1 de agosto de 2013

Juntamos Basura

   A medida que pasa el tiempo, por lo general,  vamos juntando basura. Esta basura, a veces se amontona de forma subrepticia; otras, gracias a la voluntad melancólica del hombre/mujer en cuestión, que no sabe como desprenderse de cosas o personas que en algún momento representaron algo o tuvieron alguna importancia. Como sea, la basura se acumula, y crece de forma geométrica. Cada vez más a menudo nos encontramos sosteniendo algo o dándole la mano a alguien, y preguntándonos ¿qué demonios estoy haciendo? ¿Por qué guardo esto? y ¿Quién es él, o ella? Para luego auto-respondernos, “ah, cierto, ésta es la porquería que encontré en la calle y esa es una caja en la que pretendía guardar cosas y que sigue vacía”.